Dormido estaba el frágil guerrero
en dulce reposo entre matorrales,
una húmeda serpiente comenzó a envolverlo
despertando al valiente de su sueño.
Presto levanto la cabeza
-con su único ojo ciego-
buscando a tientas donde refugiarse
encontró una caverna con cálido consuelo.
Sentía la sangre bullirle muy fuerte,
impregnarse de savia, de miel y de néctar,
mientras machacaba golpeando vehemente
algo dentro suyo gritaba muy fuerte.
Como torbellino venido de siempre
saltó de su sangre un grito caliente
vertiendo en el cuenco… su último aliento.
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